Barbarito Diez, el rey del danzón
El danzón, nació en Matanzas, Cuba, sujeto a las características de esta apacible ciudad con hermosos palacetes de influencia arquitectónica europea. Nació el danzón intelectual, fruto de una corriente cultural, literaria, musical y de agitación política prevaleciente en el último cuarto del siglo XIX. El danzón es hijo legítimo de la contradanza, nace de parto natural en la "Atenas de Cuba", a contrapelo de la segregación racial y social que pardos, negros y mulatos sufrían y reconvertían en el más distinguido, afamado y glorioso género musical de toda Hispanoamérica; cuya presencia goza, hasta nuestros días de sorprendente salud. Fue el mulato matancero Miguel Faílde, de padre gallego y madre negra "parda libre", quien concibió lo que es considerado históricamente el primer danzón: "Las alturas de Simpson"; en sus dos partituras, la de 1877 y la versión final de enero de 1879, presentada en la Casa Club de Matanzas, hoy Casa de la Cultura José White. Miguel Faílde había trasladado su condición racial a un concepto musical novedoso, alarmante y suculento. Había inaugurado concientemente el mestizaje afrohispano en su primera condición conceptual, asimilable por la cultura blanca y por la cultura negra; dos razas unidas en las corcheas del pentagrama y en la cadencia del lascivo baile que, ignoraba con alegría, el lastre de la discriminación por el color de la piel. Los salones de baile, transformados en inusitado crisol, amalgamaron el deseo carnal más allá de los preceptos sociales y catalizaron, a ritmo del sabroso danzón, el surgimiento justificado de un sentimiento humano que definía por entero el amulatamiento racial. Casi treinta años después, de estrenado aquél primer danzón, también en Matanzas, en la pequeña comunidad de Bolondrón, nace el 4 de diciembre de 1909, un niño a quien sus padres llamarían Bárbaro Diez Junco. El niño, ya de cuatro años de edad, viaja con su familia a la central azucarera de Manatí, en la provincia de Oriente, ahí comenzará su despertar artístico como joven aficionado al canto, entre cañaverales y el dulce guarapo. A la edad de veinte años, en 1930 se traslada a la Habana, ciudad capital donde se incorporó como parte del Trío del compositor Graciano Gómez, junto con el músico Isaac Oviedo; ambos trovadores de pura cepa y cultivadores del bolero de Pepe Sánchez y Manuel Corona. Barbarito participó también en el Quinteto Selecto y el Septeto Matancero, en ese entonces amenizaba fiestas particulares y veladas artísticas en peñas musicales, de las que se resalta su presencia en el Café Vista Alegre. Barbarito Diez permaneció casi veinticinco años al lado de Graciano Gómez, dejando huella profunda en la interpretación de ilustres sones y boleros. Su debut como intérprete en la radio cubana dejó escuchar su dulce voz a través de la emisora "El Progreso cubano", hoy Radio Progreso, la Onda de la Alegría. En esta ocasión histórica es que su nombre es suavizado aplicando el diminutivo, tal como ha pasado a la historia. Fue voz principal de la orquesta charanga del maestro Antonio María Romeo, agrupación de la que fue su cantante más destacado, al grado que muchos la llamaban "la orquesta de Barbarito Diez". En esta permaneció por más de veinte años, lapso en el que logró la fama por su interpretación de danzones. Es entonces cuando sus seguidores le distinguen con apelativos como: "La voz del danzón", "Caballero del danzón" y "Príncipe del danzón" La voz de Barbarito Diez, es de una delicadeza exquisita, su cadencia y estilo particular, influyó de manera definitiva en los boleristas cubanos de los años cuarentas y cincuentas. Hizo perdurable el danzón cantado, a través de legendarios registros sonoros, quedan como celebérrimos: "Las perlas de tu boca", "Ojos malvados", Longina, Mercedes, Ausencia, Lágrimas negras, La Mora. Composiciones memorables que en la voz de Barbarito, casi siempre acompañado de la orquesta de Romeu, son hasta nuestros días verdaderas joyas de la música de América Latina. Barbarito Diez realizó actuaciones artísticas en diferentes puntos de la geografía latinoamericana y de los Estados Unidos de Norteamérica, dejando recuerdos imborrables en Puerto Rico, Venezuela y República Dominicana. Una página importante en la vida de Barbarito Diez, fue su estadía en Venezuela, de la cual surgió la célebre producción en la cual se hace acompañar de la rondalla venezolana; producción que incluye "Frenesí", del chiapaneco Alberto Domínguez. "Humo en los ojos" de Agustín Lara, "Nunca" de Guty Cárdenas y del cubano Eusebio Delfín "Y tú qué has hecho". Este número es retomado por el venezolano Oscar de león, "el salsero mayor", como un homenaje del venezolano a Barbarito Diez, a quien, durante su visita a la isla en 1983 y en pleno escenario del centro turístico de Varadero, Cuba, lo presentó como su padre en el arte de la música. Según el maestro Eduardo Rosillo, la voz dorada de la radio cubana, la musicalidad y sonoridad son el entorno ambiental que estimula la creatividad del músico. Y dicha ambientación queda plasmada en la forma estética del creador musical. Matanzas vio nacer a Miguel Faílde, Matanzas vio nacer a Dámaso Pérez Prado y es justo afirmar que en el danzón resuena vibrante aquél ambiente. Y también es justo afirmar que el danzón, padre de infinidad de géneros musicales latinoamericanos, es un vínculo emocional indisoluble entre los pueblos de México y Cuba. En este año, del primer Centenario del natalicio de Barbarito Diez, rendimos un indispensable homenaje, a esta celebridad que forma parte nodal de ese vínculo cultural que es igualmente Patrimonio Cultural de la Humanidad. En la actualidad, la herencia musical de Barbarito Diez es estimulada por su propia sangre, en la persona de su hijo Pablo Diez, médico de profesión quien ha decidido continuar la obra de su padre, pues posee características importantes en el timbre de su voz, que hace recordar a Barbarito en sus interpretaciones. En sus memorias, el locutor decano Eduardo Rosillo, refiere que en cierta ocasión, durante las visitas periódicas que realizaba a la casa de Barbarito Diez, en los últimos días de su vida, lo sorprendió tarareando su inolvidable "Longina". Rosillo nos cuenta que "tal vez quiso hacerse el desentendido de su ya casi habitual visita y siguió como en el más completo escenario". Y enfatiza que los aplausos de su corazón fueron más fuertes y sentidos cuando de pronto lo escuchó decir: "Rosillo, te quiero mucho y te respeto otro tanto, sé que si aún tengo vigencia en Cuba, a pesar de mi retiro es por ti. Por favor ven, cada vez que puedas". Agrega Eduardo Rosillo, que no hizo falta un acto de promesa ni mucho menos, porque favorecer en lo posible su vigencia es una deuda de gratitud, que por mucho tiempo tendremos que saldar los cubanos con su persona; que fue un ejemplo fiel de entrega a su pueblo". El día 6 de mayo de 1995, el profundo duelo amoroso del pueblo cubano se manifestó en el multitudinario funeral que a lo largo de toda la ciudad de la Habana se le rindió a Barbarito Diez hasta la majestuosa Necrópolis de Colón, lugar donde descansan restos mortales, junto a otros astros de la densa constelación cubana. Viva Barbarito Diez, viva la voz del danzón.
7º Festival de Cultura
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